Avifauna en la Sierra de Andújar


Fuente: Plan de Recuperación del águila i. i.
El Parque natural de la Sierra de Andújar fue declarado en 2003 Zona de Especial Protección para la Aves (ZEPA), adhiriéndose en 2009 a la Carta Europea de Turismo Sostenible (CETS) y declarado en 2012 como Zona de Especial Conservación (ZEC).
Se han contabilizado hasta 178 especies de aves que son de extraordinaria importancia. El águila imperial ibérica (en la imagen de la izquierda), el buitre negro y el águila real tienen en este Parque una elevada densidad de población. 
Respecto al águila imperial, Fernando Torres escribe que "cuando la ves volando, parece que va cortando el cielo con sus alas" (La joya imperial ibérica en la Sierra de Andújar: seguir leyendo).
Abundan también el águila culebrera y el azor. Es igualmente posible observar al alimoche y al halcón peregrino. Otras especies nidificantes son el cernícalo vulgar, el milano negro y el águila calzada. Las rapaces nocturnas son importantes por su gran número: el búho real, el mochuelo, el autillo y la lechuza. En el apartado de mamíferos destaca la presencia del huidizo y esquivo lince ibérico, que mantiene aquí uno de sus últimos reductos y hace de este Parque la principal zona lincera del planeta, el lobo, el meloncillo, la nutria, el tejón, la garduña, la gineta y el gato montés. Entre las especies cinegéticas, abundan el ciervo y el jabalí, así como el muflón, el gamo, la liebre, el conejo y una pequeña población de corzos, que debido a su escasez no tienen aprovechamiento cinegético.
El buitre negro
Oscuro y poderoso, el buitre negro alcanza casi los tres metros de envergadura y
pesa entre siete y trece kilos. El color de los jóvenes es negro pardo, aunque se aclara en mudas sucesivas hasta el pardo fuligino so de los adultos. Especie amenazada, la población española alcanza casi el ochenta por ciento de la europea.
Fija su nido en las sierras y en la media montaña cubierta por pinares o por un espeso y alto matorral mediterráneo. El buitre negro, de la familia de los carroñeros, se alimenta de cadáveres de conejos y herbívoros salvajes. Si no es época de cría, busca el alimento por parejas. Los jóvenes, más gregarios, forman grupos, uniéndose a buitres leonados. El buitre negro domina sobre otros carroñeros, escogiendo, sin oposición, las masas musculares, la piel, la carne adherida a los huesos y los grandes trozos esparcidos alrededor de la carcasa de las presas
de las que se alimentan. Explorador minucioso, vuela sin aparente gran esfuerzo entre los diez y los ciento veinte metros. Necesita unos setecientos gramos de carne diaria para subsistir, aunque puede ingerir, de una sola vez, cuatro veces esa cantidad, almacenando en el buche para la cría o para vivir los días en los que las condiciones climáticas no son favorables. El nido es una gran masa de palos que,
usado año tras año, puede superar los tres metros de diámetro y dos de grosor. La
hembra pone sólo un huevo y la puesta se inicia en febrero. La incubación dura entre cincuenta y sesenta días y la comparten ambos sexos.
 

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